CAPÍTULO 25
JULIÁN
El saber que aquel beso durante el viaje había sido el primer beso de Monserrat me tenía desbordando de felicidad. No podía quitarme la sonrisa de la cara cada vez que lo recordaba. Ella, con toda su ternura, su ingenuidad y esa forma tan pura de sentir, me había regalado algo que para mí se convirtió en un tesoro. No lo podía evitar: sentía que ese detalle me unía a ella de una manera que nada ni nadie podría romper.
Pero al mismo tiempo, la idea de Juan rondaba en mi cabez