CAPÍTULO 152
MONSERRAT
El olor a desinfectante me arde en la nariz.
Hace horas que estoy sentada en esta sala de espera, mirando sin ver. No tengo noción del tiempo. No sé si han pasado minutos o toda una vida desde que trajeron a Julián. Nadie nos dice nada. Nadie.
El silencio del hospital es insoportable.
De vez en cuando se escucha el sonido metálico de una camilla o el murmullo de una enfermera, pero ninguna se detiene.
Pregunto una y otra vez por él, y siempre recibo la misma respuesta va