CAPÍTULO 139
CARLOS
Me encanta el olor del café a media mañana en una cafetería de pueblo: amargo, directo, sin pretensiones. Aquí nadie me conoce, nadie me mira con demasiada curiosidad; puedo ser un pasajero más, un ejecutivo en tránsito, uno más de los que llenan las mesas con papeles y llamadas. Eso facilita las cosas. He venido hasta este lugar a propósito: es lo suficientemente lejos de la ciudad como para que nadie sospeche de un encuentro, pero no tanto como para perder control. Me sien