CAPÍTULO 138
MONSERRAT
No recuerdo en qué momento dejé de pensar. Solo sé que sus labios estaban sobre los míos y todo lo demás se volvió un borrón. Julián y yo no podíamos separarnos. Sus manos me recorrieron con esa mezcla de delicadeza y fuerza que me hacía temblar, y yo, sin poder evitarlo, me aferré a él como si fuera el único refugio posible en medio de mis tormentas.
— Julián… aquí no… —dije entrecortada, aunque mi voz carecía de firmeza.
— No va a pasar nada malo, Montse. Solo quiero e