CAPÍTULO 128
JULIAN
Tenerla tan cerca, tan cerca sentada en el asiento de copiloto, me quemaba.
No podía apartar la vista de sus manos, de cómo jugaba nerviosa con la alianza en su dedo. Una alianza que ya no significaba nada, pero que para mí era como un recordatorio constante de que alguien la había tenido antes. Era ridículo sentir celos de un fantasma, de alguien que ya no estaba… y, sin embargo, me ardía por dentro.
Quería acercarme más, quería extender la mano y tomar la suya, pero no lo