El Bosque Dickens, que siempre había sido el santuario de los Lican, comenzó a exudar una fragancia nueva y perturbadora: el olor a hierro oxidado y miedo seco. La victoria de Tamara sobre el Beta había traído una calma tensa a la jerarquía, pero esa paz fue obliterada cuando los patrulleros de rango bajo no regresaron de sus rondas al amanecer.
Zack y Tamara se encontraron en la linde del sector norte, donde el follaje era más espeso. Allí, colgado de una rama de roble como un macabro avis