La escalera de caracol del Castillo de Blackwood ascendía como el esófago de una bestia petrificada. El aire, ya viciado en los niveles inferiores, se volvía aquí una amalgama asfixiante de ozono, piedra húmeda y el rastro químico del miedo que Silas emanaba desde las alturas. Zack encabezaba la marcha, con sus garras rozando ocasionalmente los muros de granito, dejando surcos profundos que revelaban su estado de alerta absoluta. Valerius lo seguía de cerca, con su herida del hombro ya cerrada