La jornada en el supermercado comenzó con una ausencia que pesaba más que el ruido habitual. Tamara escaneaba los productos con una eficiencia gélida, pero sus ojos verdes no dejaban de desviarse hacia la caja número cuatro, la de Marcus. Estaba vacía, con el cartel de "Cerrado" balanceándose suavemente bajo el aire acondicionado.
—¿Sabes algo de Marcus, Elena? —le preguntó Tamara a su compañera de la caja contigua, una mujer mayor que siempre tenía un chisme a mano.
—Renunció, Tami. Llam