No hubo una señal de inicio, ni un grito de guerra; simplemente, la paciencia de la criatura se evaporó y el aire fue sustituido por el silbido cortante de sus alas de murciélago abriéndose con la fuerza de un vendaval. Silas, esa masa amorfa de pesadilla y ónix, se impulsó desde su trono de escombros con una potencia que pulverizó las piedras bajo sus pies, convirtiéndose en un borrón de color gris ceniza y sombras violáceas. El primero en reaccionar fue Zack, cuyo instinto de Alfa Negro le pe