Zack soltó el brazo de Marcus con un desprecio absoluto, como quien arroja un trozo de basura. El chico cayó al suelo del callejón, sollozando y acunando su muñeca, que ya empezaba a tornarse de un color violáceo. La presencia de Zack era tan sofocante que Marcus ni siquiera se atrevió a gritar; simplemente se arrastró hacia la seguridad de las luces del supermercado, desapareciendo entre las cajas de descarga.
Tamara ajustó la correa de su bolso, sintiendo el peso del dije de plata contra su p