—Debí golpearme con algo sin darme cuenta anoche. No me duele, por eso no lo había notado.—susurró entrecortadamente, sintiéndose extraña.
Marco la miraba raro. La expresión de su rostro delataba que no le creía ni una pizca y que estaba comenzando a sospechar exactamente lo que había hecho la noche anterior.
—No me debes explicaciones. Es tu vida.— masculló él, levantándose de su tumbona y alejándose.
Sheila se abrazó a sí misma. A pesar de que estaba consciente de que no tenía por qué justi