Sheila manejaba apretando el acelerador.
¿Y si Marco resbalaba y se caía en el baño?
¿ Y si su pierna fallaba y se golpeaba la cabeza?
A su mente venían una y otra vez todos los peores escenarios imaginables.
Había sufrido mucho cuando Marco había tenido su accedente, pensando en que había podido perderlo irremediablemente y ahora estaba al borde de la histeria de nuevo.
Llegó al edifico y pidió subir al penthouse. El custodio de la puerta llamó a Marco y le permitieron subir al elevador.