MILA
Aún siento el sabor amargo de la taquicardia y todavía se pasean por mi mente retazos de lo sucedido.
¿Realmente pasó?
Observo mi brazo sin percibir un ápice de pena por lo hecho.
Sí pasó.
Y no me arrepiento; me habría amputado tejido carne y hueso de haber podido.
Lo único que me pesa es haberlo lastimado a él. Al salvaje que me ve con suma cautela y tensión.
—Necesito pedirte un favor enorme —recito con tal frialdad que los ojos de Jackson se abren de sopetón.
—No voy a dejar impune nada