—¡Corte, corte, corte! —la arenga llega al unísono en el momento que, a las risas, Jackson empuña la cuchilla.
—¿Mucho o poco?
—¡Un buen pedazo, jefe!
Cruzándome de brazos y con negativas de por medio contemplo a mi marido, quien, con un buen estado de embriaguez, el utensilio en una mano y su vaso de whisky y un habano en la otra, baila alrededor del pastel de bodas.
—¿Sólo uno?
Se parte en carcajadas y los miembros del corporativo y demás empleados; esos que eligieron quedarse hasta el final