MILA
Me despierto y me desperezo con un genio fantástico.
Estiro los brazos, estiro las piernas, bostezo y me retuerzo saboreando la placidez de una cama tan inmensa sólo para mí.
Vuelvo a bostezar, incluso río de lo bien que dormí.
Qué comodidad.
Kilómetros de somier Kingsize traen sus ventajas, principalmente si no te toca compartirlo.
Qué delicia.
Voy incorporándome de a poco, arreglando las almohadas cual nido a mi alrededor, buscando en el cajón de la mesilla de luz el control del televiso