CAPÍTULO 50. ¡Victoria!
Victoria sintió que se le ponía el corazón en la boca. Franco estaba asustado, pero lo que más le daba miedo a la muchacha era que sabía que no estaba asustado por él mismo sino por ella. Sabía que si tenía quedarse allí y sacrificarse para que ella pudiera escapar, lo haría sin dudarlo dos veces.
—¡No puedes hacerme esto, Franco! —balbuceó con los ojos llenos de lágrimas—. ¡No puedes dejar que te maten por mí…!
El italiano la atrapó en un abrazo poderoso y le dio un beso urgente y apasionado,