El grito de Isa no terminó en su garganta.
Pareció prolongarse dentro de ella, expandiéndose por su mente como una onda que rompía puertas selladas desde hacía años.
Cayó al suelo con ambas manos presionándose la cabeza, mientras una presión insoportable atravesaba su cráneo.
No era solo dolor.
Era invasión.
Miles de impulsos parecían encenderse al mismo tiempo dentro de su memoria, como si compartimentos ocultos en su mente hubieran sido abiertos a la fuerza.
Isa! gritó Adrián, corriendo hacia