El cambio fue inmediato.
Violento.
Irreversible.
Eva no tuvo tiempo de prepararse.
Un pulso invisible atravesó la cámara, impactándola de lleno como una ola que no podía esquivar.
Su cuerpo se tensó. Sus dedos se cerraron con fuerza. Su respiración se cortó en seco.
No… susurró, apenas consciente.
Isa reaccionó antes que nadie.
¡Eva!
Corrió hacia ella, pero el aire mismo pareció volverse denso, pesado, como si la realidad se resistiera a permitirle acercarse.
La voz volvió.
Pero ya no era estab