La frase quedó suspendida en el aire como una detonación silenciosa.
Isa sintió que las piernas dejaban de responderle.
“Todo esto empezó contigo antes de que nacieras.”
No entendía.
No podía.
El caos seguía rugiendo alrededor—guardias inmovilizados, armas cayendo al suelo, órdenes gritadas por los agentes de Némesis—pero aquellas palabras habían borrado todo lo demás.
El hombre del abrigo gris avanzó hacia ella con paso medido.
Nadie intentó detenerlo.
Ni siquiera Elías Voss.
Eso fue lo más pe