La mañana siguiente llegó con un silencio incómodo, casi doloroso. La ciudad despertaba lentamente, pero Isa sentía que dentro de ella todo estaba en llamas. Su mente no dejaba de repasar la noche anterior, cada gesto, cada palabra, cada roce que la había desarmado y, al mismo tiempo, la había hecho sentirse viva como nunca.Pero había una sombra que no podía ignorar: la presencia de alguien más en la vida de Adrián. Esa mujer, real, desconocida y amenazante, estaba ahí, y ella no tenía idea de quién era.Isa trató de concentrarse en el trabajo, pero cada notificación de su teléfono la hacía sobresaltar. Mensajes anónimos seguían llegando:"No confíes en él.""Ella no te dejará pasar.""Lo que él oculta te destruirá."El miedo se mezclaba con la curiosidad, y cada vez más, Isa se sentía atrapada en un juego que no comprendía del todo.Por la tarde, Adrián apareció inesperadamente en la oficina de Isa. No hubo aviso, no hubo mensaje previo. Simplemente estaba allí, con su presencia imp
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