El humo seguía elevándose desde el muro destruido cuando el soldado avanzó un paso dentro del almacén.
Su armadura absorbía la luz intermitente de las alarmas, volviéndolo casi una sombra sólida.
Detrás de él comenzaron a aparecer más figuras.
Una. Dos. Cinco.
Todos idénticos.
Mismo uniforme negro. Mismo emblema atravesado por la línea roja. Misma marcha precisa y sincronizada.
Isa sintió que el aire se espesaba.
¿Quiénes son ellos? preguntó, retrocediendo instintivamente.
Damián respondió sin