El tercer impacto hizo crujir la puerta como si el edificio entero hubiera contenido el aliento.
La madera reforzada resistía apenas.
Cada golpe arrancaba fragmentos del marco, dejando caer astillas sobre el suelo pulido de la suite.
Isa permanecía detrás de Adrián, aferrando la llave plateada hasta sentir el metal clavarse en su palma.
El arma en la mano de Adrián no temblaba.
Su postura era fría, precisa, entrenada.
Pero Isa percibió algo en él que no había visto antes: urgencia verdadera.
No