Durante varios segundos, nadie habló.
La suite quedó suspendida en una quietud insoportable, como si incluso el aire hubiese dejado de circular.
Isa sostenía la caja contra su pecho con ambas manos, incapaz de apartar la vista de aquella frase escrita por su padre.
“Si estás leyendo esto, significa que ya vienen por ti.”
No era solo una advertencia.
Era una cuenta regresiva.
Adrián cerró la puerta de inmediato y giró el pestillo con un movimiento seco.
Después cruzó hacia el pasillo exterior, i