Mia
La madrugada me envuelve en su silencio denso, con la única compañía de los ecos de mi respiración. El reloj marca las 4:30 a.m., pero mis ojos no dejan de mirar el techo, buscando respuestas que no se atreve a darme. La casa está en completa oscuridad, salvo la tenue luz de la luna que se filtra por la ventana, proyectando sombras largas en el suelo. Estoy sola, en esta burbuja de incertidumbre que me he creado a lo largo de los días, y, sinceramente, no sé si me asusta más la soledad o lo