Alexander
La cita estaba fijada. El lugar, ese maldito café en el que nos habíamos encontrado tantas veces, lo elegí yo. El mismo lugar donde las palabras se tejían con nerviosismo, donde la distancia entre los cuerpos nunca era solo física, sino emocional, como un espacio invisible que se negaba a desaparecer. Pero esta vez no era como las demás. Esta vez no íbamos a hablar de nada superficial. Esta vez íbamos a despojarnos de las máscaras, de las paredes, de los escudos que nos habíamos const