SERA
El golpe en mi puerta me despertó y solté un gemido. Apenas había podido pegar ojo después de ver esas fotos ayer. Se lo había contado a Christy y a Matteo; no sabía muy bien por qué lo había hecho, pero el caso es que se lo solté y me prometieron que estaría a salvo pasara lo que pasara.
Volvieron a tocar y me levanté a regañadientes; quienquiera que fuese no tenía intenciones de rendirse.
—¿Quién es? —pregunté mientras abría la puerta. Christy estaba allí de pie, con el ceño fruncido. —¿