SERA
—No —dije de repente, sorprendiéndome a mí misma y al hombre atractivo que estaba frente a mí en ese momento, pidiéndome que fuera a su habitación después de haberme besado horas atrás.
—¿Qué? —preguntó, acercándose un poco más. Cerré los ojos, sin estar segura de qué esperaba.
—Abre los ojos, Seraphina —dijo con voz plana. Los abrí y bajé la mirada.
—No puedo quedarme contigo —dije finalmente, dando un paso hacia atrás.
—Mírame —ordenó, y lo obedecí—. ¿Por qué?
—Porque no te caigo bien —r