SERA
—¡Seraphina! —llamó Christy desde afuera. Abrí los ojos despacio, preguntándome si no sería un sueño, hasta que la escuché de nuevo—. ¡Seraphina! Chica, ¿estás dormida?
Suspiré y me levanté.
—Ya voy —murmuré caminando hacia la puerta. La abrí lentamente y allí estaba Christy, luciendo una sonrisa que no sabía cuánto había echado de menos hasta que la vi en su rostro.
—Vale —dije, haciéndome a un lado para que entrara—. ¿Qué está pasando? —pregunté, y ella se encogió de hombros.
—Digamos qu