# CAPÍTULO 8: LA JAULA DE ORO EN EL COMO
El vuelo transatlántico en el jet privado de Alexander fue un preludio silencioso de mi nueva realidad. Mientras cruzábamos el océano, el lujo que me rodeaba —asientos de cuero crema, champán de cosechas inalcanzables y un servicio que anticipaba cada uno de mis gestos— se sentía como el terciopelo que forra un ataúd. Alexander apenas me dirigió la palabra. Se mantuvo concentrado en su tableta, pero su presencia era un peso físico en la cabina. Cada vez