Oliver se negaba a aceptarlo. Aunque las fotografías y el expediente estaban frente a sus ojos, seguía sin creerlo. La manera en que Alina dependía de él y confiaba ciegamente era genuina; la ternura y el afecto que no podía ocultar en su mirada también lo eran. Esa joven no era una espía, y mucho menos la amiga de toda la vida que Edgar había enviado para infiltrarse en su vida.
—Solo piensa en todo lo que Alina sabe hacer y te darás cuenta. ¿Qué chica de alta sociedad sabe artes marciales, d