—¡Ah!
Alina se sentó en la cama, bañada en sudor. Acababa de tener una pesadilla espantosa donde veía cómo le disparaban a su prometido. Al recuperar la compostura, trató de tranquilizarse, repitiéndose a sí misma que él solo había hecho un viaje de negocios y que todo estaba en orden.
Sin embargo, antes de irse, le había prometido que la llamaría en cuanto el avión aterrizara. Hasta el momento no había recibido ni una llamada, ni siquiera un simple mensaje de texto. Era inevitable que la men