Un grito potente interrumpió el enfrentamiento.
—¡Ya basta, suéltala!
Cindy apenas logró entreabrir los ojos para mirar hacia la entrada. Uriel corría en su dirección. Ella extendió una mano temblorosa hacia él, suplicando auxilio. El recién llegado tuvo que aplicar toda su fuerza para destrabar los dedos que aprisionaban el cuello de su hermana.
Alina cayó empujada hacia un lado. Cindy se tiró al suelo, tosiendo con desesperación; acababa de ver de cerca a la muerte.
—¡Estás completamente