Al llegar a la mansión, la joven entró a la sala. Su madrastra, Mariza Parra, tomaba el té tranquilamente, mientras que la hija menor, Lia, hojeaba una revista a un lado. Al levantar la vista y ver a su hermana empapada en sudor, la muchacha arrugó la nariz con evidente desagrado.—Pinche gorda, qué asco das.La recién llegada la ignoró por completo y se dio la vuelta para subir a su recámara.Su media hermana le gritó de inmediato.—¡Detente ahí! Oye, cerda, ¿no tienes educación? ¿Llegas a la casa y ni siquiera saludas a mi mamá?—¿Mamá? ¿La mamá de quién?La menor soltó una carcajada burlona.—Pues mi mamá, obvio. La tuya lleva años muerta, ¡eres una fea que nadie quiere! ¡Una bastarda cualquiera que no tuvo a nadie que la educara!"Nadie te quiere", "bastarda"... Brenda le había dicho exactamente esas mismas palabras en su vida anterior. Nunca supo quiénes fueron sus verdaderos padres ni por qué terminó criándose dentro de la Organización Janus. En este momento no podía vengarse de
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