La paz del sofá los envolvió por largo rato, hasta que despertarón y la sed los llamó. Nick se desprendió con suavidad del abrazo de Isabella, dejando un beso en su hombro.
—Voy por agua —susurró, su voz aún ronca por el deseo satisfecho.
Ella asintió, perezosa, disfrutando del calor residual del fuego en su piel.
Mientras Nick caminaba desnudo hacia la cocina, el aire fresco le recordó la realidad fuera de su burbuja. Llenó dos vasos con agua fría, bebió uno de un trago y regresó al living. La visión que encontró allí le detuvo el aliento en la garganta.
Isabella se había levantado. Estaba de pie junto al sofá, envuelta solo en la manta de piel de alce que Nick le había colocado antes. La tela, áspera y cálida, contrastaba con la suavidad de su piel, que brillaba a la luz baja. Su cabello era una cascada desordenada sobre sus hombros, y sus ojos, ámbar y profundos, lo observaban con una mezcla de inocencia y provocación que le aceleró el corazón de nuevo.
Nick se acercó lentamente, c