SÁBADO – 5:47 A.M.
Isabella estaba sumergida en un sueño profundo, soñaba con libros cayendo.
No cualquier caída: volúmenes enteros de anatomía y filosofía despeñándose de los estantes como dominós, mientras Nick la empujaba contra la pared de la biblioteca, su cuerpo un bloque de calor entre sus muslos.
—Sei mia —murmuró él contra su boca, las palabras en italiano fluyendo como ron puro—. Solo mia.
Ella quiso protestar. Decirle que nadie la poseía, que era una Moretti, maldita sea. Pero entonc