El edificio de la Agencia se alzaba como un monolito de cristal y acero bajo el cielo plomizo de Nueva York. Nick y Rocco cruzaron el control de seguridad con la familiaridad de quienes han caminado por esos pasillos cargando el peso de secretos inconfesables. Al entrar en el despacho principal, el aire se sentía viciado, cargado de la tensión eléctrica que siempre emanaba de Scott y de la calma calculada de Darius.
Scott estaba, como de costumbre, de pie frente al ventanal, dándole la espalda