Nueva York – 09:30 a.m.
Mientras Nick y su equipo llevaban ya varias horas de vuelo, la mañana en la mansión Moretti amanecía silenciosa, casi solemne. El aroma del café recién hecho se mezclaba con el murmullo de los cubiertos y las voces bajas que intentaban disimular la tensión.
Giuseppe, con el semblante sereno, sostenía la taza entre las manos mientras repasaba mentalmente los próximos movimientos.
Salvatore, impecable en su chaqueta oscura, se levantó de la mesa. —Bueno, llegó la hora —di