Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Nick estaba en su apartamento, sentado en la penumbra con una copa de whisky en mano. La imagen de Isabella alejándose, herida por su rechazo, las palabras “Vístete, Isabella” lo atormentaban como un fantasma; el mensaje sin respuesta, las llamadas a su casa. La pantalla del celular se encendió: Carter. Pulsó el altavoz con dedos que pesaban toneladas.
—Derek está en la ciudad. El Pentágono le soltó la cadena. ¿Tu apartamento o salimos a beber algo?
Ni