El Muelle 12 era una boca de lobo envuelta en la neblina del puerto. El olor a salitre y metal oxidado era tan espeso que se podía sentir en la lengua. Isabella bajó del Mercedes, pero no estaba sola como el mensaje exigía. A su lado, Carter y Arthur eran dos sombras letales, y unos pasos más atrás, Alessandra caminaba con una mezcla de miedo y fascinación, observando cómo su hermana mayor se movía con la seguridad de quien es dueña de la noche.
—Arthur, ¿señal del reloj? —susurró Isabella, aju