El acero del avión de transporte C-17 todavía crujía por el cambio brusco de temperatura cuando la rampa trasera descendió sobre la pista de la base aérea privada de la Agencia. Nueva York los recibió con un viento gélido que arrastraba el olor a combustible y a tormenta inminente, pero para Nick, el frío de la ciudad era una caricia comparado con el invierno que llevaba dentro.
Fue el primero en bajar. Su chaqueta táctica estaba rasgada, su rostro sucio de hollín y sangre seca, y sus manos, env