El apartamento de Nick, que alguna vez fue su refugio de soltero y luego el nido de sus primeros encuentros, de su primer momento como padres, se sentía ahora como un búnker. Isabella ayudó a Nick a subir, pasando el brazo de él sobre sus hombros. Cada paso del hombre era un quejido sordo, una muestra del castigo brutal que Giuseppe le había propinado. Isabella los conducía con la mirada alerta y las manos aún manchadas de sangre y el polvo del jardín de los Moretti.
Al entrar, se encontraron c