El viaje a la universidad fue corto, pero para Nick, cada semáforo en rojo era una eternidad. No por prisa, sino porque cada momento a solas con Isabella en la burbuja del auto se sentía como un tesoro robado al caos que siempre los acechaba. Estacionó cerca de la entrada principal y, antes de que ella pudiera abrir la puerta, él ya estaba allí, ofreciéndole la mano.
—Exagerado —murmuró ella, pero su sonrisa era de puro agradecimiento.
—Siempre —respondió él, sin soltarle la mano mientras camin