La luz de la habitación era tenue. Isabella parpadeó, la conciencia regresando a través de una niebla de sedación. Primero, el olor a antiséptico. Luego, la sensación de sábanas ásperas. Y finalmente, el peso cálido y familiar de una mano envolviendo la suya.
Volvió la cabeza. Allí estaba Nick, sentado en una silla de plástico junto a la cama, inclinado hacia adelante. No dormía. Sus ojos azules, nublados por el cansancio y algo más profundo, la observaban fijamente, como si hubiera estado cont