El sol nació lento sobre el océano, como si también él supiera que aquellos días no debían gastarse deprisa. Como si el océano hubiera decidido bajar la voz para no interrumpir lo que estaba a punto de ocurrir. El cielo era un lienzo limpio, sin urgencias.
El tiempo, ese animal feroz, parecía haberse sentado a descansar bajo una palmera.
La luz se filtró entre las cortinas blancas, tibia, dorada, viva.
Isabella despertó antes que Nick. No por las náuseas ni por el cansancio, sino por una emoció