El estudio de Giuseppe Moretti olía a tabaco envejecido y poder concentrado. El patriarca extendió un mapa de la ciudad sobre su escritorio de roble, señalando puntos con un dedo marcado por anillos de sello familiar.
—Santoro no actuará en territorio abierto —dijo, su voz un rumor grave—. Es un hombre de teatro. Le gusta el drama, el simbolismo. Buscará un lugar que signifique algo.
Nick se inclinó sobre el mapa, su mente ya trazando posibles escenarios. —El puerto es demasiado obvio. Darius dijo que se reunió con rusos allí, pero para un secuestro…
—No para un secuestro —interrumpió Isabella, acercándose—. Para un intercambio. O para una ejecución pública.
Ambos hombres la miraron. Ella señaló un punto en el mapa: el antiguo muelle de carga 42, abandonado hace años pero con valor simbólico para las viejas familias mafiosas.
—Aquí fue donde mi abuelo cerró su primer trato importante —explicó—. Donde los Moretti se establecieron como potencia. Santoro lo sabe. Si quiere humillar a nue