Minutos más tarde, los autos se detuvieron frente a la mansión. Olía a leña, a vino abierto y a ropa chamuscada por el fuego. Alessa salió a recibirlos, pero su rostro se transformó en una mueca de frustración al ver que Isabella no venía con ellos.
—Padre…
Giuseppe negó con un leve gesto, la abrazó y pasó una mano por su cabello. —No te preocupes, traeré a tu hermana a casa. ¿Dónde está tu madre?
—Llegó del club con dolor de cabeza y dijo que se acostaría temprano. —Alessa miró a Charly y notó