Celeste se miraba al espejo del baño del hotel, tratando de recomponer su rostro con agua fría. El maquillaje corrido se había convertido en un rastro de la noche pasada. Tenía un dolor punzante en las sienes, pero lo peor era el vacío en su memoria. Recordaba las luces del bar, las copas, el rostro de Adrien acercándose con palabras dulces y venenosas. Después, todo se desdibujaba como si hubiera sido un mal sueño.
Cuando salió de la habitación, Adrien la esperaba sentado en la cama, perfecta