La mañana había transcurrido con calma en el Penthouse. Aelin se había permitido un instante de silencio, disfrutando del aroma del café mientras Sasha revisaba la correspondencia. El murmullo de la ciudad llegaba atenuado por los ventanales, como si todo el mundo estuviera a kilómetros de distancia.
Fue en ese instante cuando un golpe seco en la puerta hizo que Sasha se pusiera en guardia. Aelin levantó la mirada, percibiendo esa vibración en el aire que precedía a los encuentros decisivos. D