Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión Valtierra olía a cera y flores blancas, como si el tiempo se hubiera detenido en una foto donde nadie envejece. Amanda colocaba tazas de porcelana sobre un mantel de lino y Esteban revisaba, por tercera vez, una carpeta de documentos con separadores de colores. El reloj de pared marcaba los segundos con un tac diligente, voluntad de orden frente al caos.
La puerta se abrió sin anuncio. Celeste entró con paso firme, un conjunto azul noche y un peinado sin holguras. La






