Jasemin.
El dolor no desapareció… se diluyó. Se volvió algo espeso, como si ya no viniera en golpes sino en oleadas lentas que subían y bajaban sin aviso, mezclándose con el calor que me quemaba por dentro.
No supe cuándo dejé de estar despierta del todo ni cuándo empecé a perderme entre momentos que no lograba sostener.
Había manos, siempre había manos, frías… firmes… moviéndome con cuidado, tocando la herida, cambiando vendas que se pegaban a la piel y me arrancaban quejidos que apenas escuch