CAPÍTULO 20

Jasemin.

El dolor no desapareció… se diluyó. Se volvió algo espeso, como si ya no viniera en golpes sino en oleadas lentas que subían y bajaban sin aviso, mezclándose con el calor que me quemaba por dentro.

No supe cuándo dejé de estar despierta del todo ni cuándo empecé a perderme entre momentos que no lograba sostener.

Había manos, siempre había manos, frías… firmes… moviéndome con cuidado, tocando la herida, cambiando vendas que se pegaban a la piel y me arrancaban quejidos que apenas escuch
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